La influencia del contexto en la comisión de fraude

Rabi’u Abdullahi y Noorhayati Mansor en 2015 mencionaron que el fraude es una preocupación mundial, debido al impacto negativo que ocasiona en la economía, dado que los desfalcos son altos y difícilmente recuperables, y por contribuir al aumento del sufrimiento y el desempleo en la sociedad. Esto demuestra la importancia de implementar un programa de prevención efectivo mediante la identificación de factores de vulnerabilidad a nivel social que impidan la aparición del fraude.

Eduardo Galvis y Jaime Santos en su estudio: “Geometría del fraude” del 2017 mencionan que los delincuentes reconocen que su comportamiento está envuelto en un contexto social, legal y normativo, por lo que en algunas ocasiones experimentan un conflicto moral; sin embargo, cuando el defraudador está suficientemente motivado es capaz de minimizar o menospreciar ese conflicto y termina aprovechándose del conocimiento de la norma para desarrollar sus acciones delictivas y salir impune.

Así mismo, Pamela Murphy y Tina Dacin en su estudio: “Vías psicológicas hacia el fraude: comprensión y prevención del fraude en las organizaciones” del 2011, indican que cuando el individuo no reconoce dentro de su repertorio comportamental la acción como deshonesta en la decisión de cometer fraude cobra gran relevancia la situación en la que se encuentra y el contexto, lo cual coincide con el pensamiento de Karl Aquino en 2009 quien menciona:

“… En el mundo desordenado e imperfecto de la moralidad cotidiana, la situación en la que nos encontramos puede ser decisiva para determinar la dirección hacia donde gira nuestra brújula moral”.

En ese sentido, el fraude visto desde una perspectiva situacional y contextual puede ser motivado por una normalización social, así lo evidencian Tapia y Zalpa en su estudio: “La corrupción a la luz de los dichos y refranes” del 2011, ellos refieren que los refranes y dichos populares creados culturalmente como: “Hecha la ley, hecha la trampa,” El que no transa no avanza”, “La ocasión hace al ladrón”, entre muchos otros, generan un incremento en la corrupción y el fraude en la población.

Niki Nieuwenboer y Muel Kaptein en su análisis dinámico de los procesos de identidad social que provocan el crecimiento de la corrupción señalan que otro factor situacional que influye en la comisión de actos deshonestos es la obediencia a la autoridad, donde el individuo comete fraude por órdenes del jefe, quien hace ver esta acción como un beneficio, que favorece a la organización por motivos como la “lealtad a un grupo” o “lealtad a un superior”.

Por otra parte, Lamar Pierce en su investigación sobre los factores psicológicos y sociales de la deshonestidad, evidencia que el comportamiento deshonesto es más probable cuando el individuo se encuentra con su grupo de amigos o compañeros que aceptan estas acciones, mientras que, al encontrarse con sus familiares o su pareja es menos probable, lo cual demuestra que los seres humanos se encuentran influenciados por la presión social que perciben en su entorno.

Como se puede observar el fraude es un comportamiento que implica la consecución de procesos psicológicos complejos como lo son el autocontrol, la toma de decisiones, la expectativa de resultados, la solución de problemas, el razonamiento, entre otros.

Pero no podemos olvidar que como otros comportamientos se encuentra determinado por un contexto que puede genera la repetición, modificación y especialización de este flagelo.

En ese sentido debemos promover y fortalecer una cultura más honesta, ética y trasparente, solo así lograremos reducir el impacto que genera este fenómeno en nuestra sociedad.

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